Del 8 al 28 de enero, XAMACH vuelve a situar a Madrid en el epicentro de la gastronomía mexicana con su Festival de Moles, una cita que rinde homenaje a uno de los pilares más complejos, simbólicos y emocionantes de la cocina de México: el mole.
Durante tres semanas, el restaurante se transforma en un santuario culinario donde tradición y contemporaneidad dialogan con respeto absoluto y una ejecución técnica precisa.

Porque el mole no es solo una salsa: es historia, identidad y carácter. En XAMACH se expresa a través de cuatro versiones únicas, cada una con su propio lenguaje, su propio ritmo y su propia emoción:
Pipián Verde
Pluma de cerdo ibérico. Un pipián verde sedoso y aromático, elaborado a partir de semillas de calabaza tostadas, tomatillo y hierbas frescas. Su textura envolvente y su equilibrio de especias permiten que la pluma de cerdo ibérico, marcada con precisión para conservar su jugosidad, se integre sin perder identidad. Un plato que demuestra que el verde también puede ser profundo, elegante y memorable.
Manchamanteles
Camarones y nopales con arroz a la mexicana. El mole más festivo se presenta aquí en toda su exuberancia. La mezcla de chile ancho, frutas maduras y especias crea una salsa vibrante que abraza camarones jugosos y nopales tiernos, generando un contraste perfecto entre dulzor, picante y frescura vegetal. Acompañado de arroz a la mexicana, es un mole expresivo, alegre y goloso, pensado para disfrutar sin miedo a manchar… ni a repetir.
Mole Poblano
Pechuga de Pollo. El gran clásico, tratado con respeto absoluto. Más de 25 ingredientes —chiles secos, frutos secos, especias y cacao— se trabajan con paciencia hasta obtener una salsa oscura, compleja y profundamente aromática. La pechuga de pollo, cocinada para mantener su suavidad, permite que el mole despliegue sus capas de sabor con equilibrio entre dulzor, amargor y picante. Tradición pura, sin artificios.
Mole Negro
Osobuco de ternera. El más profundo y misterioso. Con más de 35 ingredientes, este mole es una obra de técnica y tiempo: chiles tostados, semillas, especias y cacao que se funden en una salsa densa y envolvente. El osobuco de ternera, cocinado lentamente hasta alcanzar una textura melosa, se integra con el mole sin perder carácter. Un plato poderoso, largo en boca y emocionalmente inolvidable.