Los torreznos y las pizzas de Roostiq llegan a Marbella

Una cava de 500 referencias de vino complementa una propuesta gastronómica basada en el producto de calidad, las brasas y el ambiente desenfadado.

Roostiq, el restaurante madrileño conocido por sus famosos torreznos y pizzas de fermentación lenta, desembarca en Marbella. Lo hará en plena Milla de Oro el próximo 17 de julio, día en el que abrirá sus puertas para repetir en la Costa del Sol su fórmula del éxito en la capital de España: torreznos maridados con champán, pizzas combinadas con borgoñas y propuestas elaboradas en las brasas, como su famoso pollo ecológico.

Una exquisita propuesta a la que se suma un interiorismo cuidado, un servicio de máxima calidad y un ambiente desenfadado con un tique medio correcto.

La filosofía de Roostiq descansa sobre una afirmación: ‘Todo el que viene al restaurante tiene que comer muy bien y divertirse’. Ambas cosas están garantizadas. El ambiente es distendido y la propuesta gastronómica recurre a los ingredientes básicos de la huerta y la materia prima de calidad. De hecho, la visión de la casa desde sus inicios es ‘We farm!’, ya que en Roostiq se abastecen de sus propias granjas, en las que producen las verduras, embutidos y pollos que después sirven en el restaurante. Del campo a la mesa, haciendo énfasis en la frescura y la calidad de cualquier ingrediente que pasa por la cocina.

Los torreznos son el plato estrella de Roostiq. Tanto es así, que el restaurante de Madrid se ha convertido en un lugar de peregrinaje solo por probar este plato. La pizza es su otro ‘must’, con receta propia perfeccionada con los años por el propio Zoilo Álvarez en la que la masa llega a fermentar en frío durante 72 horas. Él es el ‘alma mater’ de este concepto gastronómico que se convirtió en proyecto de restauración después de años de dar bien de comer en su finca de Ávila a familiares y amigos.

Horno de leña

El horno de leña, la parrilla y el buen producto son la base de la propuesta de Roostiq. De ahí que podamos comer unos pimientos confitados, unas alcachofas a la brasa, unos puerros bien sabrosos o una de sus pizzas de fermentación lenta e, igualmente, un buen chuletón o uno de sus pollos ecológicos. El producto apenas se toca, solo pasa por el fuego para extraer sabores y conseguir texturas.

Esta apuesta tan firme por el buen comer viene acompañada de una cava que atesora cientos de referencias entre champanes, borgoñas y vinos nacionales y de distintas partes del mundo. En total, 500 referencias disponibles para maridar con cualquiera de las opciones de la carta.

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