Ubicado en una casa tradicional ibicenca, Can Vella apuesta por una cocina mediterránea con alma balear, protagonizada por el producto local y la brasa de encina.
Can Vella es la nueva propuesta de Grupo Papúa y está ubicada entre el paseo de s’Alamera y el paseo marítimo de Santa Eulalia. Un nuevo espacio gastronómico que se integra en el corazón de la isla, combinando tradición, diseño y alta cocina mediterránea. El edificio, de arquitectura típica ibicenca, conserva su fachada blanca con puertas y ventanas azules, y ha sido restaurado en los últimos meses respetando su carácter original y su identidad marinera. El resultado es un restaurante que respira isla, con un ambiente cuidado, relajado y en conexión con su entorno.

“Can Vella representa nuestro proyecto más íntimo, más conectado con el entorno. Es una declaración de principios: apostar por la autenticidad, la materia prima, la calma y el entorno natural como pilares de una experiencia gastronómica diferente”, afirma Noel Duque, fundador de Grupo Papúa.
Cocina de alma balear
La propuesta gastronómica de Can Vella es una oda al producto, al fuego y a la tierra que lo rodea. Su cocina, de raíz mediterránea y alma balear, parte del respeto absoluto a la materia prima para transformarla en una experiencia sensorial. Desde el primer bocado, el comensal encuentra el equilibrio entre la sencillez del producto local y la complejidad técnica, en una carta que se construye alrededor del mar, la huerta y la brasa.

En sus entrantes, brillan elaboraciones como el Salmón curado y ahumado en casa, la Ensalada de Tomates de la huerta ibicenca, o un Bogavante nacional con huevos fritos y patatas panaderas que combina sabor, textura y arraigo. En el capítulo de arroces, la cocina reivindica el origen con propuestas como el Arroz del Senyoret con gamba roja, el Meloso de Bogavante azul o el sorprendente Falso Risotto de Puntalette a la crema, donde la técnica se convierte en sabor puro.

Sabor, fuego y territorio
Pero es la brasa -alimentada con leña de encina- el verdadero corazón de Can Vella. Una selección de carnes premium cuidadosamente maduradas convierte su parrilla en una declaración de intenciones: desde el Vacío de vaca rubia gallega hasta el corte de Buey Gallego con 120 días de maduración, pasando por piezas de Wagyu centroamericano y Entraña de Black Angus de Nebraska. Junto a los pescados y mariscos a la brasa —como la gamba roja, el pulpito de roca o la lubina entera—, la carta hace de cada plato un homenaje a la esencia del Mediterráneo: sabor, fuego y territorio.

La experiencia en Can Vella no termina en el plato. El restaurante completa su propuesta con una carta líquida pensada al detalle, donde destacan vinos generosos del sur, referencias insulares como el Can Rich de Ibiza, etiquetas de autor de pequeños productores y una cuidada selección de champagnes y cavas premium. Desde un amontillado jerezano hasta un Ruinart Blanc de Blancs o un rosado de Miraval, la bodega de Can Vella rinde homenaje a la diversidad del Mediterráneo y a los matices que cada copa puede aportar al viaje gastronómico.

A ello se suma una coctelería creativa y sofisticada, con una carta propia que combina técnica, frescura y producto. Cócteles como el Can Vella Spritz, con champagne, St Germain y hierbabuena; el exótico Purple Sour a base de pisco y chicha morada, o el vibrante Tamarindo con tequila, fruta de la pasión y tomate, son solo algunas de las propuestas que convierten la sobremesa en parte fundamental del ritual. No faltan las sangrías artesanas en jarra, limonadas naturales y una colección de tragos de autor pensados para maridar con el atardecer ibicenco.
