La mirada madura de Isaac Loya hacia el Cantábrico

El restaurante avanza hacia su 35º aniversario, reforzando la mirada al Cantábrico como despensa esencial, la conexión con el territorio y una cocina más personal, depurada e íntima.

En Salinas, en el mismo paseo marítimo de esta bella localidad costera, se sitúa este restaurante cuyos cimientos se anclan en la arena y las paradisíacas vistas sobre la playa. Su historia abarca una larga y variada trayectoria desde sus inicios en los años 50. Sufriendo varias transformaciones y reformas, no será hasta los años 90 cuando se inicie el proyecto definitivo de lo que hoy día se conoce como Real Balneario de Salinas.

Hoy, sus diferentes salones están concebidos para la máxima comodidad de sus comensales. Pinceladas de aire moderno conviven con el estilo clásico y conservador que es la esencia en su decoración, en la que priman la elegancia y la atención al detalle.

El tiempo y una atenta predilección de la propiedad, han logrado transformar al restaurante en una verdadera galería de arte donde pueden contemplarse obras únicas que albergan una historia propia. Sus amplias cristaleras, se abren a la contemplación de un paisaje siempre inspirador donde cielo, mar y arena, bajo el influjo cambiante de las mareas, acompañan al disfrute de los placeres de la mesa, provocando un ambiente agradable y cosmopolita.

La consumada madurez de Isaac

Una nueva etapa aparece en el horizonte para un icono del Cantábrico como es El Real Balneario de Salinas (1* Michelin), donde estrena temporada con una propuesta que refleja la madurez creativa y el liderazgo culinario de Isaac Loya, tercera generación de una familia que ha hecho del Cantábrico su despensa natural y su forma de entender la cocina. Cerca de cumplir 35 años de historia, el restaurante vive un momento de estabilidad, renovación y personalidad ampliada.

Ahora estrena sus nuevas propuestas de temporada que se articula en dos menús degustación; el menú Isaac Loya, de carácter más amplio y personal; y un segundo, La Peñona (en formato reducido), además de una carta extensa que se renueva tres veces al año, reflejando territorio y estacionalidad.

Una nueva etapa que se traduce en una cocina más depurada, íntima y precisa. Isaac reafirma su compromiso con el territorio, la estacionalidad y el producto como verdad irrenunciable, llevando la tradición a un lenguaje propio que combina técnica, sensibilidad y profundidad.

Un legado centenario que mira al futuro

El edificio que alberga hoy el restaurante nació en 1916 como Balneario de Aguas Marinas bajo la protección del Rey Alfonso XIII. Desde entonces conserva el título de “Real”, símbolo de su singularidad y de su vínculo con la villa de Salinas. Su estructura, rehabilitada con respeto, sigue siendo un testimonio vivo de más de cien años de historia en la costa asturiana. El tiempo no ha borrado su esencia: la ha engrandecido.

Tres generaciones de la familia Loya han construido un proyecto culinario de referencia en Asturias. Una trayectoria marcada por el respeto al producto, la defensa del entorno y una forma de entender la hospitalidad que va más allá del servicio.

La figura del padre de Isaac, uno de los grandes precursores del estilo y la filosofía del Real Balneario, se mantiene como pilar emocional y conceptual del restaurante. Bajo la dirección actual de Isaac Loya, la cocina evoluciona sin perder sus raíces: sabores del Cantábrico reinterpretados con elegancia y mirada contemporánea.

Cuando el paisaje es parte del menú

El Real Balneario es uno de los pocos restaurantes literalmente situados sobre la arena del mar. El Cantábrico es más que un escenario: define la luz, los ritmos, el producto y la experiencia. El sonido de las olas y el horizonte forman parte del relato culinario, un diálogo constante entre naturaleza y cocina.

El chef Isaac Loya representa una cocina que mira al futuro desde la verdad del producto. Su propuesta nace de la estacionalidad, del trabajo mano a mano con pescadores, ganaderos, agricultores y artesanos, y de una búsqueda constante por emocionar desde la pureza. Su cocina combina técnica, sencillez, sensibilidad y un profundo arraigo al mar y al territorio.

Mariscos y pescados del Cantábrico, hortalizas de proximidad, mantequillas y quesos artesanos, carnes asturianas y guisos tradicionales tratados con precisión contemporánea componen la despensa del Real Balneario. Aquí no hay artificio: hay verdad, respeto y pureza.

Entre sus platos icónicos destacan recetas ancestrales de generaciones anteriores, como la Lubina al Champagne y Virrey a Baja Temperatura en su propia Marmita, que representan la memoria culinaria de la casa y su vínculo con la tradición familiar.

Se mantiene una estrecha relación con proveedores locales que reflejan su compromiso con el producto de proximidad y la excelencia del Cantábrico y de Asturias.

El restaurante colabora con una finca ubicada en Salas, de la que proceden las fabes y verduras que completan una despensa auténtica y de kilómetro cero, consolidando así el vínculo directo del restaurante con el territorio y sus productores.

Una bodega que recorre el mundo

La bodega, con más de 1.000 referencias y dirigida por el sumiller Manuel García, presenta un recorrido por grandes vinos del mundo en armonía con la cocina del Cantábrico. Su diseño cuenta con la implicación directa de Isaac Loya, gran amante del vino, cuya sensibilidad ha contribuido a dar forma a una selección única y personal.

La carta incluye una cuidada colección de generosos, una selección de Champagne y Cavas, blancos de Alemania, Austria, Estados Unidos, Francia, Italia y Portugal, así como tintos de Alemania, Argentina, Australia, Chile, Estados Unidos y Francia, junto a capítulos dedicados a tintos de Francia, Italia, Portugal y Sudáfrica. España ocupa un lugar protagonista con blancos, rosados y tintos de las principales zonas vinícolas, además de una sección final de vinos dulces.

En conjunto, una bodega que no solo acompaña, sino que eleva y dialoga con la propuesta culinaria, invitando a descubrir nuevas armonías y matices en cada servicio

La hospitalidad propia de un legado familiar

Tres generaciones de la familia Loya han hecho del servicio una extensión natural de su manera de entender la vida. Cada detalle, cada gesto y cada palabra responden a una forma de acoger honesta y cercana, nacida del respeto, la tradición y el deseo de que cada comensal se sienta como en casa, frente al mar.

Aquí, la atención no es protocolo, sino vocación y memoria. El equipo transmite los mismos valores que dieron origen al restaurante: amabilidad, cuidado y autenticidad, con la elegancia discreta que distingue a las casas con historia.

El servicio de El Real Balneario no busca impresionar, sino emocionar. Es el reflejo de un legado familiar que sigue vivo en cada mesa.

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