OCEANIKA, el restaurante más transmutador de Madrid

Quienes han estado alguna vez no lo olvidan porque este restaurante deja huella por su rica fusión y la intensidad de sus sabores criollos, por lo mágico de su presentación y por la amabilidad del personal, representada por el carismático Carlos Pérez.

¿Recordáis ese restaurante en el que se empezaba con la cafetera en la mesa, te ponían unos churros con chocolate a la mitad y acababas comiendo sushi? Seguro que habéis estado u os han hablado de la experiencia transmutadora de comer en Oceanika (Antonio Pérez, 26 semiesquina Velázquez, 150. Madrid) o de Carlos Pérez, el camarero más apasionado del gremio quien además es el propietario.

Pues Carlos, Oceanika y su deliciosa comida criolla -original, divertida, y donde predominan los sabores frescos y llenos de fantasía y trampantojos– siguen en el mismo lugar en el que cumplen cinco años y trae riquísimas novedades.

Incorpora muchos y muy buenos ceviches con una vuelta de tuerca sobre los que todo el mundo ha probado en la capital, y sin escatimar en la calidad. Ejemplo de ello son el Ceviche Carretillero con Rabas de Calamar, algas marinas y salsa tártara; el de Atún, -“umami total”-, como promete la carta; el verdoso, de marisco – gambas, almejas, mejillones, pulpo, vieiras y corvina- en salsa verde hecha a base de cilantro; el de vieiras; o el Ceviche a la Llama, que va envuelto en hoja de plátano y se termina en mesa.

Buscando entre los nombres exóticos nos encontramos El Pulpo se va a la huerta porque se trata de un crujiente Sam de Chicharrón de Pulpo con Cebolla, tomate y salsa tártara. Con auténtico sabor peruano está también la Vieira asada al ají amarillo, con rocoto y choclos fritos.

Y qué decir de su sección de Tiraditos como el Tiradito de atún al estilo nikkei, con salsa de soja y palomitas para ‘mojar’. Y aunque son exquisitos y bien merecen volver a probar todos los de la lista, aún no hemos encontrado esos platos transmutadores con los que Carlos nos lleva a un mundo fantástico…

Hay que volver a los entrantes para rescatar esa Cafetera desestructuradora que en realidad es un caldo con pescado, marisco y verduras; los Churros con chocolate, o lo que es lo mismo, fritos de maíz para mojar en pasta de judía negra; o el Temaki a la andaluza, que es cazón en adobo envuelto en hoja de lechuga.

También hay algo de carne, sí, el original Lomo saltado, que es una de sus especialidades y llega a la mesa en un molcajete de piedra volcánica y con ‘noodles’ de tortillas mexicanas; o los cucuruchos de Cochinita pibil o Ají de gallina.

Terminamos con los postres: ¿Un Sweet sushi? ¿O mejor alguno de los recién llegados? Como su Tarta de zanahoria, con helado de galleta y crema de chantilly o el Suspiro limeño, hecho con crujiente de jengibre, helado de pisco sour y coronado con fresas y sirope. Todos son caseros y son el broche ideal, junto con alguno de sus cócteles, para una experiencia inolvidable y seguro que muy ‘repetible’.

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