Las noches ibicencas empiezan en Clap House

Hay un nuevo ritual cuando cae el sol en la isla: vivir el atardecer desde lo alto de Cap Martinet, con vistas doradas a Dalt Vila, en Clap House Ibiza.

Este restaurante redefine las tardes y noches ibicencas convirtiendo ese instante mágico -cuando la luz se transforma- en el verdadero protagonista. Elevado sobre el mar, el espacio funciona como un balcón abierto al atardecer: las murallas de la ciudad antigua se tiñen de oro y cada mesa se convierte en un refugio suspendido entre cielo y mar. Es ese momento -entre la primera copa y el último rayo de sol- es el que resume la esencia de Clap House.

Este nuevo capítulo de Clap (tras su éxito en Dubái, Londres y Beirut) aterriza en Ibiza con una esencia propia: una conexión auténtica con la belleza natural de la isla. Aquí, todo fluye con naturalidad y cada momento encuentra su espacio.

Desde copas al atardecer con amigos hasta cenas románticas bajo las estrellas, antes de salir de fiesta. Pero también hay lugar para quienes llegan sin reserva y deciden quedarse por las vistas. En este lugar, la noche se adapta a cada persona.

Un destino integral

Lejos de ser un restaurante japonés más, Clap Ibiza propone una cocina con carácter propio. Aquí, la tradición nipona se fusiona con técnicas de fuego abierto y cortes premium, cocinados al estilo Josper grill, que realzan el sabor de carnes selectas y mariscos frescos.

Desde mesas íntimas bajo las estrellas hasta grandes cenas de grupo en zonas privadas, Clap invita a vivir una experiencia elegante, ideal tanto para parejas como para grupos antes de salir de fiesta.

Además de su restaurante, cuenta con una espectacular piscina de 50 metros rodeada de tumbonas decoradas por Dolce&Gabbana. Un espacio pensado para relajarse, comer sin prisa y sumergirse en el estilo de vida más exclusivo de la isla.

Con esta apertura, Clap House Ibiza se suma con naturalidad al paisaje más exigente de la isla. En muy poco tiempo, se ha convertido en el nuevo lugar de referencia en Ibiza y  quienes cruzan sus puertas, suelen coincidir en algo: quieren volver.

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