Las Jornadas del Lechazo de Aranda de Duero (Burgos) regresan para todos los amantes de la buena carne y celebrar su vigésima cuarta edición este próximo mes de junio.
Hornos encendidos y el aroma inconfundible del lechazo asado flotando en las calles… Este no es un evento cualquiera, es una liturgia gastronómica, un tributo a la tierra, al fuego lento y a la maestría de los asadores que elevan el cordero lechal (joven, de apenas doce semanas y alimentado únicamente a base de leche) a la categoría de obra maestra.
La Asociación de Hosteleros de Aranda y la Ribera (ASOHAR) vuelve a convocar a los paladares más exigentes en sus establecimientos, que son desde hace tiempo verdaderos templos del asado, donde el ritual del horno de leña y el saber hacer ancestral se dan la mano.

La precisión de un relojero
El secreto de un buen lechazo asado reside en la paradoja: una preparación aparentemente sencilla —sal, agua y fuego— que exige, sin embargo, la precisión de un relojero. El resultado es una piel crujiente y dorada que esconde una carne sedosa. Un contraste que ha seducido a generaciones y que este próximo mes de junio volverá a coronar las mesas de sus feligreses, acompañados de los vinos de la D.O. Ribera del Duero, líquida poesía en cada bocado.

Veinticuatro ediciones consagran estas jornadas como un hito en el calendario gastronómico de Aranda de Duero. No es solo una cita; es un legado. Un mes para perderse por las calles de Aranda de Duero, contagiarse de su vida animada, de las tabernas, bares y asadores… En definitiva, un viaje para compartir mesa bajo el rumor de las conversaciones animadas y dejar que el momento sea inolvidable.

Así que preparad el espíritu y dejaos llevar. El lechazo asado os espera. Porque, como diría Brillat-Savarin, «el descubrimiento de un nuevo manjar es más feliz para la humanidad que el descubrimiento de una estrella». Porque Aranda de Duero, en junio, brilla con luz propia.