Tarraco era una pequeña Roma, una ciudad portuaria abierta al Mediterráneo donde se hablaban una multitud de lenguas, con un clima especialmente agradable. Un lugar concebido para vivir y prosperar.

Este es, aún hoy en día, el espíritu de la ciudad donde su rica historia y variada gastronomía –uno de sus tres patrimonios de la Humanidad- maridan con los vinos de la DO Tarragona.

Ahora que, poco a poco, empiezan a abrirse bares y restaurantes, la gastronomía vuelve a ser plato fuerte en la oferta turística de esta capital catalana que mira y admira al Mare Nostrum, fuente de inspiración de su dieta mediterránea -uno de los tres Patrimonios de la Humanidad- que atesora la ciudad junto al legado arqueológico  de la Tarraco romana –su gran imán turístico– y los castells.

En la Part Alta (casco antiguo) la historia se fusiona con la gastronomía de la mano de diversos restaurantes donde, parte de los cuáles, cobijan restos arquitectónicos romanos, como son Les Voltes (bajo tres bóvedas del Circo de Tarraco), Pulvinar (con parte de la bóveda perimetral de la estructura del Circo), Seasons (con parte de la bóveda perimetral del gran Foro Provincial), AQ (con restos romanos de la zona de culto del Foro Provincial), Barhaus (con un muro de sillares del Foro Provincial en un comedor privado), o Els Arcs (entre arcos góticos del siglo XIV).

Tras visitar los monumentos más emblemáticos de la ciudad, sentarse a la mesa frente al mar en el barrio marinero del Serrallo es un auténtico regalo para el paladar más exigente. Todo ello, con un buen vino de la tierra.

Dentro de su gastronomía reina como plato estrella el romesco que, al margen de la conocida salsa que también lleva su nombre, es un guiso de pescadores preparado en las barcas del Serrallo, documentado desde hace un siglo y elaborado con ingredientes de esta dieta (aceite de oliva, tomates asados, almendras y avellanas tostadas). Con todo ello se elabora una salsa fría que acompaña a pescado, verduras o carne...

Pero en caliente es un guiso con ‘nombre y apellido’ porque con el tiempo ha evolucionado en un exquisito manjar ideal para degustar con tranquilidad en cualquiera de las terrazas del barrio marinero, disfrutando del sol, de la suave brisa mediterránea y elaborado en distintas variantes: ‘romesco de rape’, ‘romesco de pulpo o sepia’ e incluso ‘romesco de conejo’ o ‘romesco de rabo de toro’.

Al Serrallo llegan también otros frutos del mar como la gamba roja, el pulpo, la sepia... o pescado reconocido con la DO Pescado Azul de Tarragona. También cobran notable protagonismo los arroces en sus diferentes variantes –paella marinera, arroz negro, arroz caldoso de galeras...– o los sabrosos fideos rossejats (dorados).

Pero Tarragona presume también de huerta; de allí proviene una cebolla blanca, tierna y alargada típica de estas tierra: el calçot, que acompañado de una parrillada de carne configura las famosas ‘calçotadas’.

  • El vino tarraconense, complemento perfecto

Para maridar todas estas delicias gastronómicas, haciendo honor a sus raíces romanas nada mejor que los excelentes vinos de la DO Tarragona. De la misma, la franja que corresponde al Camp de Tarragona produce vinos blancos muy suaves, equilibrados, aromáticos y afrutados; y también tintos firmes y aromáticos.

Esta Denominación de Origen produce también vinos rosados, frescos y de color cereza, arraigados en la Ribera d’Ebre, zona que también genera tintos que armonizan el cuerpo y el color de la cariñena y la riqueza de la garnacha. Entre estos vinos se incluyen también mistelas y rancios, ideales para acompañar postres.

Los amantes de enoturismo tienen en la DO Tarragona tres Rutas del Vino, en una de los cuales está integrada la capital: Ruta C, ‘De la Tarraco Romana a las bodegas modernistas del Alt Camp’. Esta interesante ruta transcurre por Els Munts, Tarraco romana, Centcelles, Centro histórico Valls, Monasterio de Santes Creus y Santuario de Montserrat. Y en la misma pueden visitarse nueve bodegas: Padró y familia, Celler Mas Bella, Adernats-Catedral del Vi, Celler Sanromà, Cellers Blanch, Vins i Caves Vives Ambròs, Mas Vicenç, Vinya Janine y Estol Verd Celler.