Trazar caminos para conseguir mejores pueblos y territorios gastronómicos con futuro

Discover-Eat concluye tres días donde la gastronomía ya no es un complemento del viaje, sino una de las principales razones que impulsan al viajero a descubrir nuevos destinos.

El Congreso Internacional de Turismo Gastronómico no Urbano se ha celebrado entre el 29 de junio y el 1 de julio en Sigüenza y diferentes enclaves de la provincia de Guadalajara. Durante tres jornadas, cocineros, productores, investigadores, gestores turísticos y expertos internacionales coincidieron en señalar que el futuro del medio rural pasa por construir experiencias auténticas capaces de conectar al visitante con el territorio, sus productos y, sobre todo, con las personas que los hacen posibles.

Organizado por Vocento Gastronomía y promovido por el Gobierno de Castilla-La Mancha, el encuentro reunió a profesionales procedentes de Europa, Latinoamérica y Estados Unidos para analizar cómo la gastronomía puede convertirse en una herramienta estratégica de desarrollo económico, conservación patrimonial y fijación de población en las zonas rurales.

El éxito no se construye con una buena cocina

La jornada inaugural, celebrada en la iglesia de Santiago de Sigüenza, puso sobre la mesa una idea que se repitió durante todo el congreso: los destinos gastronómicos de éxito no se construyen únicamente sobre una buena cocina, sino sobre un relato sólido, un producto identitario y una comunidad comprometida con su territorio. Expertos internacionales como Erik Wolf, director ejecutivo de la World Food Travel Association, o Lindsey Gallagher, presidenta y CEO de Visit Napa Valley, defendieron que la gastronomía puede transformar un territorio en un destino competitivo siempre que conserve su autenticidad y sepa transmitir el valor de su patrimonio cultural y agroalimentario.

Uno de los ejes centrales del congreso fue la importancia de ofrecer experiencias inmersivas. El viajero actual, concluyeron los ponentes, ya no busca únicamente degustar un producto, sino conocer quién lo produce, cómo se elabora y cuál es la historia que hay detrás de cada territorio.

Generar un vínculo emocional

Esa filosofía quedó reflejada en numerosos casos de éxito presentados durante la segunda jornada, celebrada en Bodegas Río Negro, en Cogolludo. Desde Macedonia del Norte, Natasha Nedanoska explicó cómo su proyecto de agroturismo ha convertido la hospitalidad familiar en un atractivo turístico internacional, permitiendo a los visitantes participar en actividades como elaborar queso, recoger verduras del huerto o cocinar recetas tradicionales junto a sus anfitriones. Una experiencia que, más allá de la gastronomía, busca generar un vínculo emocional entre el viajero y el entorno rural.

También despertó un gran interés el modelo desarrollado en las Tabernas do Alto Tâmega, en Portugal, donde la recuperación de antiguas tabernas rurales ha permitido revitalizar pequeños municipios mediante una red de establecimientos que trabajan exclusivamente con productos locales y razas autóctonas. La colaboración entre vecinos, productores y cocineros ha sido, según sus impulsores, la clave para garantizar la viabilidad económica del proyecto y preservar un patrimonio gastronómico que estaba en riesgo de desaparecer.

Productos como grandes embajadores turísticos

El ejemplo más significativo fue el del whisky en la isla escocesa de Islay, donde el festival Fèis Ìle ha logrado convertir un producto profundamente ligado al territorio en un potente reclamo internacional que beneficia no solo a las destilerías, sino al conjunto de la economía local. Una estrategia que demuestra cómo un producto identitario puede convertirse en la puerta de entrada para descubrir el paisaje, la cultura y las tradiciones de un destino.

El queso artesano ocupó igualmente un espacio protagonista dentro del programa. Productores de diferentes regiones españolas coincidieron en señalar que la conservación del pastoreo tradicional y el relevo generacional resultan imprescindibles para mantener vivo un patrimonio gastronómico que constituye, además, un importante recurso turístico. Abrir queserías y explotaciones ganaderas al visitante permite convertir el producto en una experiencia y acercar al consumidor al trabajo que existe detrás de cada elaboración.

Creciente protagonismo del astroturismo

Hoteles y bodegas están incorporando actividades de observación del cielo nocturno, maridajes bajo las estrellas y propuestas vinculadas al patrimonio natural como nuevas herramientas para diversificar la oferta y prolongar la estancia del visitante. Los participantes coincidieron en que la calidad del cielo constituye un recurso patrimonial que puede convertirse en un importante factor de diferenciación para muchos destinos rurales.

La tercera y última jornada, celebrada en el Molino de Alcuneza, profundizó en los retos del nuevo gastroturismo rural. Cocineros y empresarios defendieron la necesidad de construir proyectos integrales que combinen restauración, alojamiento, experiencias culturales y colaboración con productores locales. La hospitalidad, la innovación constante y la capacidad de trabajar en red fueron señaladas como elementos indispensables para consolidar destinos competitivos y sostenibles.

Proteger el patrimonio gastronómico

Especial relevancia adquirió la reflexión sobre la construcción de territorios gastronómicos de referencia. El chef Carmelo Bosque defendió que el éxito no depende exclusivamente de la alta cocina o de los reconocimientos gastronómicos, sino de la capacidad de un territorio para crear un ecosistema basado en la excelencia, el talento local y un relato coherente que proyecte su identidad hacia el exterior. A esta visión se sumó el consultor Alfredo Lachos, quien recordó que el paisaje y la gastronomía pueden atraer visitantes, pero son las personas y su hospitalidad quienes consiguen que deseen regresar.

La segunda edición de Discover-Eat concluyó con una idea compartida por todos los participantes: el futuro del turismo rural dependerá de la capacidad de los territorios para proteger su patrimonio gastronómico, generar experiencias auténticas y fortalecer la colaboración entre productores, cocineros, administraciones y comunidad local.

En ese contexto, la gastronomía deja de ser únicamente un atractivo culinario para convertirse en un auténtico motor de desarrollo, identidad y cohesión territorial, capaz de construir un modelo de turismo más sostenible, competitivo y conectado con la esencia de cada destino.

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