La revolución silenciosa de VACUM, donde la carne madura con hongos

Hay lugares donde el tiempo se mide de otra manera. En Loriguilla, un pequeño municipio valenciano, existe una nave industrial donde la carne no envejece: evoluciona.

Al abrir la puerta no aparece el aroma intenso que muchos asocian a una cámara de maduración. Lo primero que sorprende es un delicado perfume a mantequilla, frutos secos y bosque húmedo. Es la consecuencia de veinte años de investigación alrededor de un concepto todavía poco conocido para el gran público: la micología aplicada a la maduración de la carne.

Mientras buena parte del sector continúa entendiendo el dry aging como una combinación de tiempo, temperatura y humedad, VACUM Carnes de Lujo decidió hace dos décadas explorar un camino mucho más complejo. La pregunta era sencilla: ¿qué ocurriría si, además de controlar el ambiente, se controlara también la vida microscópica que habita en él? La respuesta ha dado lugar a uno de los sistemas de maduración más singulares desarrollados en Europa.

Equilibrio. Complejidad. Elegancia.

En sus cámaras conviven de forma controlada distintas especies de hongos y levaduras que colonizan lentamente la superficie de las piezas. Esa microbiota, cuidadosamente preservada y supervisada desde el punto de vista sanitario, transforma la grasa y las proteínas durante semanas, construyendo una personalidad aromática imposible de conseguir únicamente dejando pasar el tiempo.

Aquí la maduración deja de ser un calendario para convertirse en un proceso biológico. El resultado no busca una carne más intensa por simple acumulación de días: se persigue equilibrio, complejidad y elegancia. Las notas de avellana, mantequilla, setas, queso curado o umami aparecen sin ocultar el carácter de la raza ni el trabajo realizado por el ganadero durante años.

Todo comienza mucho antes

Los hermanos José y Dani Rosell recorren semanalmente explotaciones ganaderas de España y Portugal seleccionando animales cuya infiltración grasa permita soportar este tipo de evolución. De cada cien canales disponibles, apenas unas pocas poseen el potencial necesario para desarrollar todo el recorrido organoléptico que exige la filosofía de VACUM.

Por sus instalaciones pasan algunas de las razas más apreciadas de la Península Ibérica (Rubia Gallega, Casina, Mirandesa, Minhota, Barrosa o Arouquesa) junto a otras europeas como Simmental, Frisona o Wagyu alemán full blood. Cada una responde de manera diferente a la acción de la microbiota, ofreciendo perfiles sensoriales propios que convierten la maduración en una auténtica herramienta gastronómica.

Quizá la mejor demostración de esta filosofía sea «La Cazurra», una novilla seleccionada para expresar todo su potencial con apenas veinte días de maduración. Una propuesta que rompe con la idea de que el lujo siempre implica largas esperas y demuestra que la excelencia depende mucho más de la calidad de la materia prima y del conocimiento técnico que del número de días anotados en una etiqueta.

La maduración todavía tiene recorrido científico

La investigación ha situado a VACUM en un escenario poco habitual para una empresa española dedicada a la carne. Sus elaboraciones han obtenido sucesivos reconocimientos en el World Steak Challenge, considerado el campeonato mundial del sector, convirtiéndose en una de las firmas nacionales con mayor proyección internacional en esta disciplina.

Sin embargo, más allá de los premios, probablemente su mayor aportación haya sido demostrar que la maduración todavía tiene recorrido científico. En una época en la que la gastronomía habla constantemente de fermentaciones, mohos nobles, levaduras salvajes o cultivos bacterianos en vinos, quesos, panes y destilados, la carne comienza también a escribir su propio lenguaje microbiológico.

Y en ese nuevo vocabulario, España ya cuenta con uno de sus nombres propios. Porque quizá el verdadero lujo no sea esperar cien días para degustar un chuletón. Quizá el auténtico lujo sea comprender todo lo que ha ocurrido dentro de esa pieza durante ese tiempo y descubrir que, al igual que sucede con los grandes quesos o los mejores vinos, parte de la excelencia también pertenece a un universo invisible.

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