Hay tantas clases de copas como vinos. Jerezana, tipo flauta, chablis, de borgoña o beaujolais. La variedad es casi infininta, pero cada caldo debe servirse en el vaso adecuado para poder apreciar todas sus propiedades.

Como regla general, el tamaño de la copa debe ser lo bastante grande como para servir una cantidad suficiente de vino sin llenarla más que un cuarto o un tercio de su capacidad. Si la copa es muy pequeña o está demasiado llena, no se podrá girar para liberar los aromas o levantarla para apreciar el color del vino al trasluz. El material ideal, el cristal fino, transparente y liso. Hay copas de vidrio tallado que pueden ser muy espectaculares, pero que no son útiles a la hora de degustar el vino, ya que no favorecen la apreciación de todas sus características, cuentan en el blog de Dehesa del Carrizal.

En cuanto al tipo de copas, en el mercado se pueden encontrar distintas clases en función del caldo que vayamos a degustar. Cada una, adaptada a las características de cada vino.

Copa jerezana; alta y esbelta, es perfecta para percibir los aromas de este tipo de vinos.

Copa tipo flauta; son las copas que se usan para beber vinos espumosos o cavas. Estrechas y alargadas, están diseñadas para permitir el ascenso de las burbujas para que formen una corona de espuma en la superficie. Al beber este tipo de caldos, es importante recordar que la copa debe cogerse por la base ya que la temperatura corporal se traspasa y calienta el líquido.

Copa de borgoña; de gran tamaño, este tipo de copa para vino se cierra en la boca, lo que permite que se desarrollen sus sabores. Se recomienda para vinos tintos donde el aroma sea una de sus principales características.

Copa beaujolais; de gran tamaño, presenta un borde ancho y abierto que permite que el vino se dirija hacia el paladar antes que a la lengua. Es perfecta para vinos maduros.

Copa chablis; su boca ancha y recta dirige el vino hacia el centro de la lengua. Es especial para vinos blancos complejos.

Copa ISO; es la que se usa en la catas profesionales. Es una copa destructiva, ya que lo primero que muestra son los aromas y defectos del vino. Se puede comprar en comercios especializados indicando que se quiere una copa de cata oficial, según indica la guía de la OCU. Su nombre proviene de la Norma Internacional ISO 3591-1977 que especifica, entre otras condiciones, sus medidas: cien milímetros de alto, 65 milímetros en la parte más ancha y 45 milímetros en la más estrecha.