Alexandra Schmeres llegó a España con una maleta cargada de experiencia internacional y terminó encontrando en Cabañas de Yepes (Toledo) el lugar donde convertir una amistad, unas viñas viejas y una manera de entender el vino en un proyecto propio.
La historia de Alexandra Schmeres comienza con botellas de vino, viajes, encuentros y conversaciones. Enóloga de formación, trabajó en Alemania, Sudáfrica, Italia y Francia antes de llegar a La Rioja Alavesa, donde conoció a quienes acabarían siendo sus socios en Bodegas Más Que Vinos: Margarita (May) Madrigal y Gonzalo Rodríguez.

El proyecto nació primero como una empresa de asesoría enológica y, en 1999, dio el salto a la elaboración propia. Sin bodega y con una buena dosis de atrevimiento, elaboraron su primer vino, Ercavio Tempranillo Roble, en las instalaciones de unos amigos. Un año después Alexandra ya recorría Estados Unidos y Alemania presentando aquellos vinos de Toledo en mercados donde todavía eran prácticamente desconocidos. “La verdad es que sí”, reconoce cuando recuerda la valentía de aquellos primeros pasos.
Mirar hacia atrás para avanzar
En 2002 adquirieron el terreno y comenzaron la construcción de unas instalaciones que desde 2007 concentran toda la elaboración. Pero si algo define Mas Que Vinos es su decisión de mirar hacia atrás para avanzar. Sus viñas tienen una edad media de entre 65 y 75 años y cuentan incluso con una parcela plantada en 1914, auténtico patrimonio vitícola de la zona.

La apuesta pasa por las variedades autóctonas: Airén y Malvar entre las blancas, y Cencibel -su particular denominación del Tempranillo- y Garnacha entre las tintas. Especialmente significativa es la recuperación de la Malvar, una variedad que, según Alexandra, «estuvo cerca de perderse».

“Desde el principio hemos apostado por trabajar las variedades autóctonas”, explica. Una declaración que resume buena parte de la filosofía de Más Que Vinos: permanecer anclados a la tierra, recuperar tradiciones y demostrar que Castilla-La Mancha también tiene una historia de grandes vinos blancos.
No es casualidad
Alexandra recuerda que en el siglo XVII, esta zona ya era reconocida por los blancos que llegaban a la Corte. Esa memoria también está presente en la recuperación de una antigua bodega familiar de 1851, la Bodega de la Plazuela (Dosbarrios, Toledo), con sus viejas tinajas, algunas de las cuales vuelven a utilizarse hoy para elaborar determinados vinos.

El trabajo en el viñedo mantiene igualmente una relación directa con el pasado: cultivo en vaso, vendimia manual, rendimientos muy bajos y elaboración por parcelas. La Plazuela, su vino más emblemático, procede de cepas extremadamente viejas y solo ha visto la luz en once añadas desde su primera elaboración en 2001.

La gama alcanza actualmente las 16 etiquetas y combina referencias de vocación cotidiana con vinos de parcela y elaboraciones más singulares. Entre estas últimas están Los Conejos Malditos, nacidos de una curiosa problemática del viñedo: los conejos que atacan las cepas viejas. El concepto terminó convertido en una divertida etiqueta de estética cómic y en una gama que incluye vinos sin filtrar y elaboraciones de mínima intervención.

“No vamos a hacer un vino desalcoholizado porque esto tampoco es la solución”, afirma con claridad Alexandra al hablar del futuro del sector. Su apuesta es otra: preservar la cultura del vino, defender su identidad y acercarlo también a las nuevas generaciones.
Un siglo contando historias
Más Que Vinos exporta actualmente a cerca de 30 países y mantiene su foco en la gastronomía, la hostelería y las tiendas especializadas. Un camino que Alexandra afronta sin perder de vista la dimensión humana del proyecto. “Estamos en un lugar privilegiado”, asegura. Y quizá ahí esté la clave: en un pequeño equipo convertido casi en familia, en unos socios a los que considera como hermanos y en unas viñas que llevan más de un siglo contando la historia de una tierra.

Su respuesta sobre el futuro resulta tan sencilla como contundente: “Yo voy a seguir aquí… Creo que voy a trabajar hasta el último día”. Y probablemente esa sea la mejor manera de entender Más Que Vinos: no como una bodega que simplemente hace vino, sino como un proyecto personal que ha decidido convertir la memoria de su territorio en algo que pueda beberse.