El consumo de vinos blancos son una tendencia global que gana terreno en todo el mundo y transforma también las regiones históricas del vino.
Durante años, los vinos blancos ocuparon un lugar discreto, muchas veces vistos como la opción ligera o fácil frente a los tintos. Pero en la última década, el panorama ha cambiado radicalmente. En todo el mundo, el consumo de blancos ha crecido de forma sostenida, impulsado por su frescura, menor graduación alcohólica, versatilidad gastronómica y una nueva generación de consumidores que busca estilos más accesibles, expresivos y contemporáneos.
Según datos recientes de la OIV, el consumo mundial de vino blanco ha crecido más de un 10% desde el año 2000. Hoy representa más del 40% del total, superando incluso al tinto en algunas zonas del mundo. Lo que empezó como una alternativa, se ha convertido en una categoría con identidad propia, llena de matices, diversidad y proyección.

Reinterpretación de la tradición
Durante años se decía que el peor vino tinto era un blanco, pero hoy esa frase ha quedado obsoleta. Este cambio también ha revitalizado regiones históricas como Rioja, donde los vinos blancos tuvieron una gran importancia durante buena parte del siglo XX. Hasta los años 70, las variedades blancas ocupaban incluso más superficie que las tintas en la denominación. Sin embargo, con el auge del Tempranillo y los tintos de guarda, su presencia fue disminuyendo paulatinamente.

Hoy, gracias a la recuperación de variedades tradicionales, la introducción de otras nuevas y la puesta en marcha de clasificaciones por zona, pueblo o viñedo, Rioja está viviendo una auténtica revolución blanca. Bodegas que lideran esta nueva etapa con vinos que recuperan el alma del viñedo blanco riojano y reinterpretan la tradición desde una mirada más precisa, más libre y más conectada con el origen.
Tres vinos muy blancos y muy riojanos
El Pacto del Alto Najerilla 2023. Elaborado con viñas viejas plantadas entre 1915 y 1974 en las localidades de Cárdenas y Nájera, este vino pone en valor la tradición blanca del Alto Najerilla. Criado durante un año en roble sobre sus lías, destaca por su complejidad y profundidad, con notas de heno, cítricos y bollería fina. Su excelente acidez lo convierte en el compañero ideal para platos como pescados grasos, arroces con marisco o incluso cocina asiática especiada.

Hacienda López de Haro Blanco de Badarán 2023. Procedente de Badarán, en el Alto Najerilla, este blanco ensamblado con variedades tradicionales como Viura, Malvasía o Garnacha Blanca —y otras como Tempranillo Blanco o Chardonnay— ofrece un perfil fragante, con notas de flor blanca, piel de melocotón y sutiles toques de vainilla. En boca es glicérico, largo y con una energía deliciosa. Perfecto para entrantes mediterráneos, pulpo a la brasa o pasta con mariscos.

Hacienda López de Haro Reserva Blanco 2018. Este Reserva Blanco es una declaración de intenciones: volver a mirar al pasado para recuperar la tradición de los blancos de guarda. Criado 18 meses en barrica y más de tres años en botella, despliega una nariz compleja y seductora (flores secas, vainilla, miel, hojarasca) y una boca elegante, salina y persistente. Ideal para carnes suaves, quesos curados o pescados blancos al horno.
