Vuelve el cocido madrileño al Museo del Jamón

Con la llegada del frío invernal comienza la temporada de los platos de cuchara tan apetecibles para calentar el cuerpo y el espíritu.

Porque hay platos que no se reinventan porque no lo necesitan. Platos que saben a invierno, a mesa compartida y a Madrid. Por eso, el Museo del Jamón incorpora de forma estable uno de los emblemas indiscutibles de la gastronomía madrileña: su cocido, que desde ahora se puede degustar todos los jueves.

El cocido del Museo del Jamón es un cocido madrileño clásico, hecho como se ha hecho siempre, sin reinterpretaciones ni atajos. Parte de una base muy clara: buen producto, tiempo y una receta que no ha cambiado. Y se sirve como manda la tradición, en dos vuelcos, respetando el ritual y la esencia de uno de los grandes platos de cuchara de Madrid.

Dos vuelcos

En el primer vuelco: el caldo  -profundo y lleno de sabor-, resultado de horas de cocción lenta. En el segundo: los garbanzos, el repollo, la patata y la zanahoria junto a las viandas (chorizo dulce, morcilla, morcillo, gallina y tocino). Y hay un elemento clave que marca la diferencia: los huesos de jamón, que aportan carácter y personalidad al conjunto. Aquí el jamón no es un acompañante, forma parte real de la receta.

Lo que hace único a este cocido es precisamente su coherencia. En el Museo del Jamón llevan muchos años elaborándolo de la misma manera, con la misma receta y siempre con ingredientes de primera calidad. No es un plato puntual ni una propuesta estacional: es un cocido que forma parte de la historia y de la cocina diaria del Museo del Jamón.

Además, hay algo que muy pocos pueden decir en Madrid. El cocido del Museo del Jamón se puede disfrutar en siete ubicaciones distintas, manteniendo exactamente el mismo estándar de calidad y el mismo sabor en cada una de ellas: desde el Prado a Mayor, pasando por Gran Vía y Sol sin desestimar la zona del Bernabéu, con su local de Capitán Haya.

Una fórmula muy sabrosa de mirar a la historia de la ciudad con respeto y de seguir defendiendo recetas que forman parte de la memoria colectiva.

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