Galicia vuelve a demostrar que la excelencia gastronómica también puede esconderse bajo el mar, madurar en silencio y encontrarse en una parrilla.
Hay lugares donde la gastronomía no se entiende sin el territorio; Galicia es uno de ellos. Una tierra en la que el Atlántico, la ganadería, el vino y una forma ancestral de entender el producto construyen una identidad gastronómica difícil de replicar. Y donde, a veces, las experiencias más extraordinarias requieren viajar… incluso bajo el mar.
Un auténtico tesoro enológico
El próximo 9 de septiembre, un grupo excepcional de expertos británicos y españoles protagonizará una expedición inédita por las Rías Baixas. A primera hora de la mañana, desde el puerto de Cambados, un velero y un barco grúa pondrán rumbo a las bateas de mejillones de la ría de Arousa. Allí, a unos 20 metros de profundidad, aguarda un auténtico tesoro enológico: botellas de albariño Sketch, de Raúl Pérez, que llevan más de quince años sometidas a una crianza submarina.

La historia comenzó en 2010, cuando Pérez (elegido en dos ocasiones mejor enólogo del mundo y responsable de algunos de los vinos españoles más reconocidos internacionalmente) decidió sumergir sus primeras botellas en las aguas gallegas. El resultado es una elaboración única, concebida específicamente para este entorno y que, precisamente por su carácter experimental y excepcional, nunca llegará al mercado.

El mar se convierte en bodega
La oscuridad absoluta, la presión, la temperatura estable y el movimiento permanente de las corrientes generan unas condiciones de crianza diferentes a las de una bodega convencional. El vino desarrolla mayor complejidad aromática, incorpora sugerentes matices salinos y gana volumen, frescura y sedosidad en boca. Una evolución lenta, silenciosa y prácticamente invisible hasta el momento de sacar la botella a la superficie.

Y ese será uno de los grandes momentos de la expedición. Por primera vez, Raúl Pérez recuperará las botellas sin necesidad de sumergirse. Desde la batea, el bateeiro izará la jaula metálica que durante años ha protegido el vino de las profundidades. El albariño volverá entonces a ver la luz del día, conservando, según el propio enólogo, unas tonalidades verdosas poco habituales en un vino con semejante recorrido.
Pero en Galicia el vino rara vez viaja solo
Una vez descorchado, el Sketch submarino encontrará en las brasas a otro producto extraordinario: las chuletas de un buey gallego vendido esta primavera por más de 14.000 euros y sometido a 90 días de maduración. Será el chef Estrella Michelín Ugo Chan quien se encargue de llevarlo a la parrilla a bordo, en un encuentro entre dos formas radicalmente distintas de transformar el tiempo en sabor.

El responsable de reunir estas dos joyas será Xosé Portas, gerente de Discarlux y Premio de Gastronomía de Galicia 2026. Junto a él estarán algunas de las voces más relevantes del vino y la carne en España y Reino Unido: Nemanja Borjanovic, propietario del asador IBAI de Londres; Toby Inskip, creador de Eating with Todd, con más de 2,5 millones de seguidores en Instagram; Rodri Méndez, cuarta generación de Forjas del Salnés; Luis Gutiérrez, catador de la Guía Parker en España; y Carlos Latre, reconocido amante del vino y la gastronomía.
La expedición
Durante los días 7 y 8 de septiembre, el grupo recorrerá Galicia desde Portomarín, donde conocerá la explotación de los hermanos López, una familia vinculada durante dos siglos a la cría de vacas y bueyes y al Restaurante España. En Chantada descubrirá las vacas Jersey de Airas Moniz, cuya leche da origen al Mejor Queso de España 2026.
El martes llegará el turno de Fisterra Bovine World, la nueva explotación ganadera de Discarlux, y de la selección de dos vacas en una explotación tradicional de Ordes.

La ruta gastronómica continuará por el Asador Divino de A Coruña, donde Leo Cao trabaja las carnes a la parrilla, y por A Curva, la taberna de Miguel Anxo Besada, referente por su selección de vinos nacionales e internacionales.
El viaje terminará donde todo parece cobrar sentido: frente al Atlántico, con una botella de albariño Sketch que lleva quince años bajo el agua y una chuleta que ha necesitado meses para alcanzar su plenitud.