“Los niños españoles están expuestos a mayores niveles de mercurio, a través del pescado, que la media europea”. Esa es la principal conclusión del congreso de la red internacional sobre Salud Infantil, Medio Ambiente y Seguridad (INCHES, por sus siglas en inglés), que se celebra estos días en Barcelona. Según los expertos, los daños por la exposición a este elemento químico ascienden a diez mil millones de euros.

La toxicidad del mercurio es conocida desde mediados del siglo pasado. Entre 1932 y 1936, una fábrica de ácido acético en Minamata (Japón) estuvo vertiendo a la bahía residuos que contenían elevadas concentraciones de metilmercurio. En estas costas asiáticas había abundantes peces y mariscos, principal fuente alimentaria de los habitantes de la zona.

Nadie pensó que estos alimentos podrían estar contaminados por mercurio. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, más de cincuenta mil personas sufrieron los efectos del mercurio en los pescados que comían. Incluso se llegó a describir un trastorno asociado, la enfermedad de Minamata, que afectó a dos mil individuos. Por aquel entonces no se sabía, pero la ingestión continuada de peces y mariscos contaminados por mercurio provocaba serias lesiones cerebrales, parálisis, delirios o habla incoherente, entre otros síntomas.

Este tóxico puede afectar al sistema nervioso, especialmente en el caso de mujeres embarazadas, lactantes y niños pequeños. El mercurio se acumula en los peces y mariscos a través de un proceso conocido como bioacumulación. El metilmercurio, el compuesto que se encuentra en pesticidas y biocidas, pasa del ambienta al agua, donde comienza a acumularse en los organismos acuáticos.

Los estudios realizados hasta la fecha muestran que la combinación de mercurio y pescado es perjudicial desde etapas muy tempranas. El consumo de estos alimentos por parte de mujeres embarazadas, por ejemplo, según cuentan en Hipertextual, afecta al desarrollo neurológico de los más pequeños, según las conclusiones del congreso INCHES 2016. Los niños rinden menos durante el aprendizaje e incluso pueden llegar a presentar un menor cociente intelectual.

La Food and Drug Administration (FDA) de Estados Unidos recomienda precaución a mujeres embarazadas, mujeres en fase de lactancia o niños de corta edad (entre uno y treinta meses). El consejo principal es que, dados los beneficios que presenta en general el pescado, se opte por consumir una gran variedad de peces evitando en lo posible las especies más contaminadas por mercurio.

Qué tipos de pescado debemos evitar

Las autoridades de EE.UU. recomiendan a las gestantes no comer carne de tiburón, pez espada, caballa, o lofolátilo (blanquillo) por sus altos niveles de mercurio. La FDA aconseja a las embarazadas y lactantes tomar como máximo dos raciones semanales de peces y mariscos que presenten una baja concentración de este tóxico. Así, los camarones, el atún enlatado claro, el salmón, el gado y el pez gato son algunos de los pescados que se consumen de forma más frecuente y que, además, cuentan con una menor cantidad de mercurio. La agencia para la protección del medio ambiente (EPA, en inglés) también distingue entre las rodajas de atún y el atún enlatado, ya que las primeras cuentan con mayores niveles de este potencial tóxico.