En verano cambian los horarios, las mañanas se alargan y, al menos durante unos días, es posible sentarse a la mesa sin pensar inmediatamente en todo lo que viene después.
Las vacaciones ofrecen así una oportunidad para devolverle al desayuno el tiempo que pierde durante el resto del año y convertirlo en un plan en sí mismo. Ese es el espíritu del petit déjeuner francés: un desayuno generalmente sencillo: café, pan, mantequilla, mermelada, croissant, pain au chocolat o brioche ocupan un lugar destacado, aunque las costumbres varían según la región y cada hogar… y, sobre todo, ninguna prisa.
Coincidiendo con la Fiesta Nacional de Francia, PAUL (histórica marca familiar de panaderías y cafeterías-bistrot reconocida en todo el mundo) suma a esta propuesta una tartaleta tricolor creada especialmente para la ocasión. Una pieza pensada para poner el punto dulce final a una mañana tranquila, pero también para disfrutar como merienda o postre los días en los que estará disponible.
Con más de 135 años de tradición panadera y pastelera francesa, PAUL reúne cinco claves para trasladar ese ritual a las mañanas de verano.
1. El tiempo es el primer ingrediente
Un desayuno sin prisas no necesita ser especialmente abundante. La diferencia está en sentarse, servirlo con calma y disfrutarlo sin consultar constantemente el reloj. Durante las vacaciones, el desayuno puede dejar de ser la antesala apresurada del día para convertirse en uno de sus primeros planes: una mesa tranquila, una conversación y tiempo suficiente para repetir café.
2. Pocas cosas, pero bien elegidas
El desayuno a la francesa no necesita llenar la mesa con una larga sucesión de platos. Su atractivo reside precisamente en la sencillez y en la calidad de cada elemento. Un buen café, un croissant o un pain au chocolat son suficientes para empezar la mañana. Piezas reconocibles de la viennoiserie francesa que concentran sabor, textura y tradición sin convertir el desayuno en una comida interminable.
3. El pan también tiene un lugar protagonista
Aunque el croissant sea uno de los grandes iconos del desayuno francés, no es el único. El pan con mantequilla y mermelada, conocido como tartine, es otra de las combinaciones habituales del petit déjeuner. Combinar pan y viennoiserie permite crear una mesa variada sin recurrir a propuestas demasiado complejas: una opción sencilla para cada día y una pieza especial para compartir o disfrutar con calma.
4. El café marca el ritmo de la mañana
Solo, con leche o con hielo, el café es uno de los grandes protagonistas del desayuno y el elemento alrededor del cual se alarga la conversación. Servirlo con calma, sentarse y no beberlo de camino a otro lugar es probablemente el gesto que mejor resume el cambio de ritmo que llega con las vacaciones.
5. El toque dulce puede llegar al final
Un desayuno sin prisas no tiene por qué terminar cuando se acaba el café. En verano, cuando las mañanas se alargan, una pieza de pâtisserie puede convertirse en ese final dulce que transforma el desayuno en un pequeño plan. Una tartaleta, un éclair o un milhojas no son necesariamente el centro del desayuno, pero sí pueden acompañar una sobremesa tranquila, compartirse al final o reservarse para más tarde, como merienda o postre.
Una tartaleta tricolor para celebrar el 14 de julio
Con motivo de la Fiesta Nacional de Francia, PAUL presenta una tartaleta tricolor creada especialmente para la ocasión. Elaborada con arándanos, nata y fresas laminadas, la nueva creación de PAUL estará disponible del 6 al 14 de julio en los establecimientos participantes de Madrid y Barcelona.