Desde que su propietario Félix Colomo pensó en cómo dar forma a su nuevo proyecto, allá en 1986, (conseguir la mejor bodega de Madrid) hasta hoy en día, todo lo que se ve, se huele y se saborea en Valquejigoso recuerda a los antiguos chateaus bordeleses. Sus vinos son la expresión del terruño y de una elaboración concienzuda y respetuosa con lo que le rodea.

Valquejigoso significa ‘Valle de Quejigos’, un paraje repleto de árboles del género quercus como la encina, el roble o el alcornoque que recibe históricamente el nombre de ‘Dehesa de Valquejigoso’. Es ahí donde se encuenta la finca Valquejigoso, una preciosa dehesa situada en el municipio de Villamanta, al suroeste de la Comunidad de Madrid y lindando con Toledo, muy próximo a la Sierra de Gredos.

Fue adquirida por la familia Colomo en febrero del 1986 al Conde de Caralt y a partir de 1992, año en el que se fragua el proyecto vitivinícola, la finca pasa de ser un importante coto de caza para la aristocracia europea, a una bodega en toda regla. Hoy en día cuenta con 83 parcelas diferenciadas de viñedo propio (50 hectáreas) a más de 600 metros de altitud y con una gran diversidad de suelos lo que hace que sus vinos sean muy personales, minerales y complejos.

Realmente la finca posee una belleza natural inédita tanto en sus infraestructuras y en sus dimensiones, como en sus características orográficas. Para disfrutarla detenidamente no hay más que darse un tranquilo paseo por sus caminos, lindes y veredas donde los quejigos, encinas, robles, alcornoques y animales (ciervos, corzos o jabalíes) conviven en armonía con un viñedo muy especial.

Sus múltiples lomas y valles te permiten realizar un ejercicio de desconexión mental y, si se presta atención, ver cómo los conejos saltan sorprendidos ante nuestra presencia. Realmente cuesta imaginar que un escenario tan natural y plural exista a tan pocos kilómetros de la capital de España.

Dejando atrás la parte romántica de este escenario, esta diversa y compleja orografía ha tenido que ser muy bien diseñada y trabajada por parte de sus propietarios, alineando las viñas en función de las corrientes de aire para que la maduración de las uvas sea la correcta. Según nos explica Félix Colomo, propietario de la finca, “tenemos una excepcional ventaja a la hora de cultivar este producto y es que las heladas, tan características de los meses fríos, no nos afectan de forma tan evidente como puede ocurrir en otras regiones. Para vivir en un clima continental, somos unos privilegiados”.

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