Mina abrió sus puertas en Bilbao en el año 2006 y desde el principio, con la cocina canalla de su chef Álvaro Garrido, ha contribuido a la renovación de toda un área de la ciudad.

Álvaro Garrido, desde el principio, mostró su interés en hacer cosas diferentes. Su cocina abierta a la sala, con una barra de alta cocina para ocho comensales fue la primera barra gastronómica de estas características. El restaurante cuenta, además, con 25 cubiertos en una sala caracterizada por materiales artesanos hechos con maderas y otros materiales del entorno por proveedores también locales.

En 2013 recibe su primera estrella Michelin y puede considerarse un restaurante pionero en su estilo de sala, en el trato del km cero y en su manera de entender a proveedores, formando una familia que se extiende más allá del trato diario. Atracción, exotismo y buen gusto se mezclan con las recetas viajeras llenas de contrastes de su propuesta. En definitiva, Mina es producto, sostenibilidad e influencia internacional.

El menú de verano de Mina incluye tres bocados vegetales donde también se juega con variedades de lechugas tradicionales, como la escarola u oreja de burro. Con el plato Bonito del golfo de Bizkaia ahumado, vinagreta de mostaza y apio, jugo tostado de sus espinas y aceite de huacatay se da paso en Mina a la temporada de bonito que arrancó a principios de julio. Anchoas, cuyo tamaño es inferior a las del Mediterráneo por la temperatura de Cantábrico o sardinas, son dos bocados que se incluyen en el menú que se puede degustar estos meses en Mina.

Hace cuatro años que el chef de Mina le comentó a Borja, un agricultor propietario de un caserío en Arcentales (a 35 km de Bilbao), que necesitaba un tomate de un solo bocado, sabroso, con azúcar infiltrado que fuera dulce y ácido a la vez. Así surgió el Tomate variedad negra de Crimea que ofrece en el plato Tomate de Arcentales con jugo de tomate fermentado como aperitivo del menú de verano. Se trata de un tomate negro, pequeño con cuyos recortes elabora un jugo de tomate fermentado.

Álvaro Garrido, de formación clásica pero alejada de la ortodoxia, se define por una cocina de contrastes basada en improvisación e intuición que combina con ingredientes y aderezos de cualquier continente. Con gran manejo de reducciones -y fondos- y lejos de convencionalismos gastronómicos de Euskadi.