Nada de números del uno al diez, o la fecha de nacimiento o el nombre de nuestra mascota… Hoy hablamos de una clave más compleja que combina buenos números -los ajustados precios-, calidad en las materias primas y en el servicio y una preciosa estética que confirma que hemos entrado en el lugar adecuado: La Contraseña.

Este restaurante nació como un espacio singular y cosmopolita concebido para disfrutar de una cocina esmerada donde confluyen sabores clásicos y propuestas innovadoras y sugerentes. Con esa fórmula llevan casi cuatro años enamorando a muchos clientes, pero ahora sus responsables han decidido ‘refrescar su código’ con el fin de ofrecer siempre lo mejor tanto a los fieles como a los que aún no han accedido a su espectacular sala.

Y es que entrar aquí es amor a primera vista. Un entorno cálido y acogedor con decoración vintage de inspiración colonial, cómodas sillas y butacones, multitud de plantas y el luminoso patio acristalado separando las dos zonas principales de sala y barra, haciendo de este restaurante un lugar en el que siempre apetece quedarse.

Es un sitio perfecto para ‘desaparecer’, porque el secreto mejor guardado de La Contraseña tiene carácter de speakeasy: su reservado ‘El Escondido’, del que nadie sabe nada hasta que entra… y del que no puede decir nada cuando sale. Un espacio para albergar de forma ‘clandestina’ hasta a doce personas.

Con la madurez renuevan el equipo, abogando por una cocina de más calidad y platos para todos los gustos con los que disfrutar en su horario non stop.

No te puedes perder los Mejillones de roca con salsa picantona, los Huevos 63º con migas extremeñas, un exquisito Tartar de salmón marinado en casa con burrata ahumada, unos Tacos de costilla a baja temperatura o, yéndonos hacia el lado más exótico de la carta, Lomo de atún al teriyaki con verduras salteadas, Ceviche de corvina salvaje con cítricos y sorbete de mandarina o Magret de pato con plátano confitado y salsa de lima.

Siguiendo con las carnes, no hay que olvidarse el sencillo, pero infalible, Lagartijo ibérico con pimientos de Padrón y papas o la Carrillera de ternera estofada con puré de patata… Y para los amantes de la pasta, parada obligatoria en los Linguini de sepia con gambones y berberechos.

Nadie, ni siquiera los celíacos, debería saltarse el postre. Y es que, además de estar buenísimos, hay uno con ‘cifrado’ especial. No falta la Tarta de queso (con fresas a la vainilla), ni el Brownie de chocolate con helado, pero también hay una ‘invitada’ sin gluten, la Tarta de zanahoria by Celicioso, y una Torrija con cítricos, anisados y helado de leche fresca espectacular que además es solidaria. De cada una que se pide -y son bastantes, por algo es uno de sus must-, La Contraseña dona 1 € a la Fundación CRIS contra el Cáncer.

Pasándonos al líquido, tiene una buena selección con varias D.O. de blancos, tintos y rosados además de cavas y champagnes y una carta específica de ‘Gin-Tonics de autor’. Y es que La Contraseña está pensada para disfrutar de la comida, pero su nuevo horario ininterrumpido se presta a estirar los mediodías e incluso juntarlos con las noches o sumarse en el afterwork, según el día que sea.

Además, los fines de semana no hay que perderse el ‘Gin Bar’ en la parte alta del local, un rincón en el que ver y no ser visto, y que también se puede reservar para hacer de una reunión de amigos algo exclusivo.