María Luisa Banzo es la mujer por la que hay que preguntar porque nos enamora los sentidos. Una mujer única, genuina, fuerte, luchadora y adelantada a su tiempo. Una mujer que se ha hecho un merecido hueco entre hombres en el panorama gastronómico madrileño al frente de los fogones de su restaurante homónimo, La Cocina de María Luisa.

Un nombre claro, directo y que resume la esencia de esta casa sin más pretensiones que las de hacer disfrutar al comensal, donde prima la temporada y los sabores y el producto de su Soria natal con especial mimo a las setas y la caza.

Lleva quince años lográndolo desde el mismo local sin bajar la guardia, cocinando con el mismo cariño que se cocina para la familia, con las recetas de su madre y de su abuela, algunas de las cuales están enmarcadas como reliquias escritas a mano en el local. A partir de ellas, probando, mezclando y practicando, ha ido creciendo hasta convertirse en la gran cocinera que es hoy.

A sus raíces sorianas se debe el amor que profesa por las setas y hongos, que se han convertido en pasión y especialidad. De hecho ella fue pionera en hacer jornadas de setas. Si ya es un gusto oírla hablar de ellas, probar cualquiera de los platos de la sección ‘Caprichos micológicos’ es una auténtica locura. ¿Quién se resiste a un Carpaccio de boletus? -uno de sus top-, a una Tosta con hongos, foie y salsa de higos y moscatel, o a unas increíbles Delicias de acelgas rellenas de pato y trufa negra de Soria que -palabra- hacen levitar.

Aunque las setas son su predilección y las lleva de estandarte hasta en el logo -María Luisa es la vigente ‘Seta de Oro’ de la Asociación Soriana de Hostelería y Turismo-, la caza es sin duda otra de sus grandes especialidades y otro must del otoño ahora que se abre la veda. Destacan el Jabalí estofado como en Navaleno (su pueblo), el Venado con manzanas, unas Pochas con ave o liebre, y en cuanto a las carnes, el imprescindible de la casa: Manita de cerdo rellena de carne y trufa negra de Soria. Entre los entrantes, un plato de ‘moda’ que ella prepara desde hace años, auténticos Torreznos de Soria.

Parte de la decoración es sencilla pero llena de historias, como la de las cocinas antiguas de su madre y su abuela que presiden uno de los salones. Los otros dos están pintados del típico azul castellano. El servicio, de los de toda la vida: atento, amable y profesional. En su amplia y variada bodega predominan las referencias de Ribera del Duero.