El Celler de Can Roca ha sido nombrado nuevamente como el mejor restaurante del mundo, un título que otorga la revista Restaurant y que ya consiguió en el 2013. Tres estrellas Michelín y tres soles de la Guía Repsol dan cuenta también de la excelencia de este templo culinario comandado por Joan, Josep y Jordi Roca.

Elegante, moderno y sobrio, este restaurante situado en Gerona rezuma tranquilidad, sobre todo en su terraza donde podrás disfrutar de una zona de sofás de estilo chill out.

Pero ¿cómo es el Celler realmente?. El alma de este establecimiento son sus cuarenta cocineros y sus diez camareros, que atienden a los afortunados comensales (no más de cuarante) que caben en la sala. De hecho, conseguir una reserva no es fácil. Su lista de espera es de meses.

Además de la cocina, el restaurante cuenta con una zona llamada Roca Lab, dedicada a la investigación y a la experimentación de nuevos platos. Un sitio lleno de encanto de donde surge la magia que inunda este restaurante.

Crujiente de maíz con corteza de cochinillo ibérico, escabeche de percebes al laurel y albariño. Estos son solo dos de los platos que ofrecen. Un menú basado en productos locales de primera calidad que se integran con tradiciones gastronómicas de países de Latinoamericanos.

La mayoría de los comensales que acuden al restaurante optan por el menú degustación, basado en la gastronomía clásica, digna de los mejores paladares. Su precio es de 155 euros, aunque también cuentan con un menú festival que llega hasta los 190 euros por persona.

Para beber, se puede elegir entre las más de 30.000 botellas de vino con las que cuentan tanto de Riesling, como de Borgoña, Priorat o Jerez.

Pero los hermanos Roca han decidido ir un paso más allá y sorprender a sus comensales. Uno de los postres de Jordi Roca convertirá los colores en sonidos gracias a un gramófono. El ‘Himno de la alegría’ de Beethoven es la primera canción que sonará en las mesas de este restaurante.

Por algo El Celler de Can Roca es el mejor restaurante del mundo. Sin duda, uno de los placeres que hay que probar como mínimo una vez en la vida.