Hay un nuevo templo del arroz en Madrid. Su nombre, Arroces Ten, augurando una comida ‘de diez’ y seguro que no defraudan a quienes vayan buscando variedad, calidad, sabor y el punto perfecto en los platos de este cereal al que tanto partido sabemos sacarle en España.

Aquí los preparan A banda, con verduras, del Señoret, de corral y huerta, con carabineros o bogavante, el negro con alioli de violeta, el meloso Caldero murciano o dos espectaculares risottos, uno de setas campestre y grana padano y otro de plancton ‘fondo marino’. Apetecen todos, ¿verdad?

Pues más allá del arroz, en este restaurante recién llegado a la vera del Paseo de la Castellana, a la altura de Gregorio Marañón, se pueden tomar ensaladas ligeras como la de tomate ibérico y ventresca cantábrica o la de sardina ahumada, ricotta y cítricos. De los entrantes hay que destacar sus Flores de alcachofa fritas con miel de trufa o las Croquetas de la 'abu', con cuatro especialidades (jamón, chipirón, espinacas y piñones o queso Gamoneu). En el apartado ‘acuático’ de la carta encontramos desde Pulpo a la brasa con patata revolcona hasta Rape curry vindaloo pasando por Vieira glaseada con mole blanco o Mejillones en curry verde, yuzu y leche de coco.

En carnes encontramos Presa ibérica cazadora de miel y ajo negro, un contundente Villagodio de ternera para compartir -o para muy valientes- de 800 gramos, o los originales Cucuruchos wanton de rabo de toro.

El broche de oro lo ponen postres como una espectacular Tarta de queso “no es mía” -tan rica como sincera, pensada para crear adicción-, Cortante de manzana verde con petazeta, un sorprendente Bizcocho borracho o un Coulant de chocolate sin gluten para todos. Todo un detalle para los celíacos, que pueden comer además cualquiera de los arroces y muchos de los platos de la carta. La bodega, con muchas e interesantes D.O.’s, en su mayoría nacionales, acompañan perfectamente a la oferta ‘sólida’.

Y después de comer hay más, porque Arroces Ten también es ideal para alargar la sobremesa tomándose una copa o alguno de sus cócteles clásicos o de autor, o para antes de cenar, abriendo boca en el afterwork.

Los viernes y sábados hay DJ’s amenizando el ambiente y su amplio aforo lo hace perfecto para grandes eventos o celebraciones de grupo. La decoración moderna con toque industrial, paredes ‘sin acabar’ en contraposición con la impoluta barra marmolada o las estanterías de madera envejecida y los detalles vintage crean un entorno cálido, acogedor y que sin duda invita a quedarse.