Con la apertura de Apartaco hace un año, Leo Araujo se ha consolidado como el único chef que sirve gastronomía tradicional 100% venezolana en Madrid. Su cocina de raíces está inspirada en recetas de sus abuelas e, incluso, rescata platos del recetario venezolano que no se sirven hoy en día.  “Yo he visto en mi restaurante a gente de mi país comiendo que se le salen las lágrimas”, asegura el chef de Caracas que junto a su esposa, Ivanhova Hunpierres, han logrado convertirse en verdaderos embajadores de Venezuela en España.

Aunque fue su hermana la que le empujó a dedicarse a la cocina, los primeros recuerdos que Leo Araujo tiene entre fogones son de muy niño, junto a su abuela, elaborando hallacas por Navidad. De ahí, pasó a trabajar en restaurantes de amigos. A los 19 años decidió matricularse en el Centro Venezolano de Capacitación Gastronómica (CVCG), uno de los más prestigiosos del país. Estudió dos años junto a los mejores chefs de Venezuela y al finalizar, con sólo 21 años, se convirtió en profesor del CVCG. Durante su etapa de docente conoció a su esposa -ella era su alumna- y abrió dos restaurantes en Caracas.

En el 2006 Araujo y su mujer emigraron a España, concretamente a Girona y en 2010 decidieron mudarse a Madrid y abrir La Cuchara (Calle Conde de Peñalver, 82), su primer restaurante 100% venezolano.

El éxito de éste fue tal que hace un año nació Apartaco (Calle Luchana, 7), su otro rincón que evoca a la Venezuela tradicional y que ha consolidado a Leo Araujo como el chef de raíces por excelencia, dedicado exclusivamente a la tradición culinaria venezolana.

La decoración del Apartaco respira aires de su país. El arquitecto venezolano José Betancourt ha convertido el restaurante de Leo Araujo en un piso acogedor. Apartaco, en jerga caraqueña, significa apartamento, ilustra el chef. “Hemos escogido este nombre y esta decoración porque queremos que aquí la gente se sienta como en casa”.

Pero hablemos de su cocina. Desde las hallacas -una combinación de las recetas de sus dos abuelas- hasta los tequeños que protagonizaban las celebraciones de su niñez, pasando por las arepas que su madre le hacía para el recreo, todos estos platos protagonizan la carta de entrantes de Apartaco. “El plato que más me traslada a mi infancia es la chalupa, una especie de lasagna que en lugar de hacerse con pasta se hace con cachapa, elaboración venezolana hecha a base de harina de maíz”, confiesa Araujo.

El popular pabellón criollo y el mondongo, una sopa espesa típica de los domingos inspirada en la que cocinaba su abuela paterna, son los principales más arraigados. En cuanto a los postres, resalta el tres leches, un bizcocho típico embebido en tres tipos de leches distintas. Las bebidas también trasladan al comensal al corazón del país latino. “Allá, por el clima, en lugar de alcohol, se consume zumo durante las comidas”, explica el chef de Apartaco. Por eso, Araujo recomienda acompañar los platos de papelón con limón o zumo de maracuyá.

Los productos con los que trabaja el chef de Apartaco y La Cuchara también son propios de Venezuela. Las frutas y verduras que emplea para sus platos vienen de Ecuador y Bolivia. El queso –telita, llanero, de mano-, ingrediente estrella en la cocina venezolana, lo consigue en fábricas de queso venezolano. “El queso allá es fresco. Quien lo produce sale a la calle y lo vende. El que consigo aquí se pasteuriza y refrigera. Tengo que tratarlo para que logre el sabor a queso fresco de Venezuela”, explica finalmente Araujo.