Este cake o bizcocho relleno lo descubrí en una pequeña pastelería de Venecia, donde lo servían con un café helado y una chocolatina de cacao puro. La mezcla de sabores de vainilla y ciruela me enamoraron y no paré hasta dar con una receta que se aproximara. Ahora puedo deciros con orgullo que me parece la misma, aunque también os digo que lo hago en pequeñito porque me gusta demasiado y muy grande sería un peligro…

Ingredientes (para un pastel alargado de 15 centímetros): 2 huevos a temperatura ambiente, 100 gramos de yogur griego, 1 vaina de vainilla (o en su defecto 1 cucharadita de esencia o 1 cucharada de vainilla en pasta), 80 gramos de azúcar, 80 ml de aceite de oliva suave, 100 gramos de harina,  1/2 sobre de levadura, mermelada de ciruela (yo la hice con los ciruelos de mi casa, tienen un punto ácido que es lo que me gusta, no conviene usar una que sea extra dulce) y almendra cruda en cubitos.

Modo de elaboración:

Comenzamos precalentando el horno a 180º durante 10 minutos. Engrasamos un molde con mantequilla o aceite y harina (a esto se le llama encamisar un recipiente).

Batimos los huevos con el azúcar hasta que espumen (un par de minutos si usáis varillas eléctricas a máxima potencia). Añadimos el aceite en forma de hilo sin dejar de batir, el interior de la vaina de vainilla y la harina tamizada con la levadura. Damos una batida rápida.

Vertemos la mitad de la masa sobre el molde. Ponemos en el centro mermelada y tapamos con el resto de la masa. Cubrimos con la almendra y hornearemos unos 25 minutos a 180º. Pasado este tiempo meteremos el cuchillo y si sale limpio es que está hecho.

Es muy agradable acompañarlo con un té verde helado si no os gusta el café. La mezcla de aromas es irresistible y también con una bola de helado o de crema agria.