Unidos por una pasión, pero separados por la forma de disfrutarla. Y es que hay mil y una maneras de comerse una pizza. Un debate que siempre suscita mucho interés en la mesa. Que si uno se come los bordes, que si el otro se los deja. Por eso, Francesco’s, después de años de investigación en el laboratorio creado por el chef, se adentra en este debate acerca de cómo se disfruta más de uno de los placeres gourmet de la vida.

Te comes el borde. Eres una persona decidida, tradicional, un fan incondicional de la pizza hasta tal punto que de no ser porque la caja es de cartón, lamerías las esquinas de queso y tomate hasta sacarles brillo. Porque un pedazo de pizza no se acaba donde termina el queso, la masa es algo jugoso de lo que también se pude disfrutar, ¿no?

No te comes el borde. Ups, entonces eres de los que hacen distinción entre la vida con y sin sabor. Eres una persona que sabe lo que quiere y va a por ello, dejando de lado toda distracción y disfrutando de cada pequeño detalle. La combinación de ingredientes y texturas te resulta tan sabrosa que bien podrías considerarla un pecado capital.

Lo mejor para el final. Puede que sea por guardar lo mejor (el condimento), pero ¿quién demonios es capaz de resistirse a la punta chorreante, sabrosísima y llena de queso del primer trozo de pizza? Mucha gente, y son personas decididas, con una gran personalidad y a menudo con la necesidad de llamar la atención con sus gestos y acciones.

Los que doblan las rebanadas. Al parecer, las personas que pliegan sus rebanadas no tienen miedo de ensuciarse las manos. Y suelen hacer esto para ahorrar tiempo. Son prácticas y evitan las complicaciones.

Los bordes de postre. Hay una pequeñísima parte de la población que se deleita con cada bocado de su suculenta y sabrosa pizza, dejando apartados todos y cada uno de los bordes, perfectamente cortados y alineados a un lado del plato para saciar las ganas de más al final… Quizá incluso con el toque de algún aderezo como salsas o algún otro ingrediente. Porque con la pizza, nada es suficiente.

Con cuchillo y tenedor. Las personas que usan los cubiertos para comer su pizza son estables, tranquilos, organizados y metódicos. Por supuesto, son educados y protocolarios, y se aseguran de que todo el mundo tiene su porción de pizza antes de coger la suya.

Francesco’s Pizza, desde su pequeño restaurante neoyorquino en la calle Fuencarral de la capital ofrece solo pizzas tradicionales preparadas en horno de leña, un procreso proceso artesanal de cocción y fermentación al que se une las mejores materias primas de primera calidad, ingredientes actuales, una técnica y dedicación insuperables y un inconfundible estilo neoyorquino.

Las pizzas de Francesco’s son sanas, ligeras y muy equilibradas ya que provienen de años de Investigación y Desarrollo en el Laboratorio creado por el Chef en su búsqueda de la pizza perfecta. Y es que su masa, informa la empresa en una nota, se fermenta durante 48 a 72 horas para lograr una textura ligera y deliciosa a lo que se une además una mozzarella cien por cien leche de vaca de la sierra de Guadarrama, una de las mejores y más exquisitas.