En una de las áreas residenciales al norte de Madrid, al lado del hospital Ramón y Cajal (C/ San Modesto, nº 44), se asienta el restaurante El Gallego, con más de 35 años de trayectoria profesional en la capital y siempre fomentando uno de sus valores por bandera: una excelente materia prima procedente, en su mayoría, de su tierra de origen.

El local es puro encanto gallego: local con mucha luz, donde la frescura de sus diferentes y amplias salas (en blanco con ligeros matices de tierra y mar), hacen de la comida un momento especialmente íntimo y te traslada, como por arte de magia, a la costa atlántica donde si cierras los ojos serías capaz de oir el golpe de las olas del mar. El motivo principal es que todo lo que envuelve el local es muy familiar, cercano y amable que caracteriza la personalidad de la tierra gallega, con ese acento peculiar de sus gentes, haciéndote sentir como en casa.

La carta del local es amplísima y, reiteramos, sus productos proceden directamente de la tierra que da nombre al local. De una calidad suprema. Podemos degustar desde las típicas empanadas gallegas (de fantástico sabor y textura), pasando por sus famoso pulpo con cachelos (al punto de sal y pimentón), continuando por un delicioso tartar de atún rojo, o disfrutando con los amigos de un delicioso arroz caldoso con bogavante... y sin olvidarnos del pote gallego y el lacón con grelos.

No podía faltar sus pescados, destacando la merluza a la gallega (tierna y jugosa) y las carnes, donde el chuletón de ternera gallega es una de sus especialidades, acompañado de pimientos de Padrón y patatas nube, que hacen de este plato las delicias de los más exquisitos. Todo ello a la piedra, al punto de sal y de textura.

Y para terminar, los postres, que como pueden imaginar poseen todos los componentes de su cocina tradicional. La tarta de manzana y las filloas son de una suavidad y exquisitez únicas. Nada empalagosas y dignas de admiración para los comensales más golosos.

Su carta de vinos es amplia y de calidad. Destaca, y esto es un secreto, los Albariños que ellos mismos cosechan con los que acompañar a sus platos. Pura fantasía gastronómica gallega sin salir de Madrid.