Apreciar sus aromas, sus contrastes y sobre todo disfrutar del momento. Beber una copa de vino se ha convertido en todo un ritual. Por eso es tan importante saber a qué temperatura debe servirse y cómo hacerlo. Lo primero que se debe tener en cuenta es que si se van a servir varios tipos de vinos, debe hacerse siguiendo un orden; del más suave al más intenso. Hay que empezar por los blancos, para pasar luego a los rosados, los jóvenes, los crianzas y por último los reservas.

Dice la guía de vinos de la OCU que los vinos tintos deben servirse entre 16 y 18 grados ya que a partir de 20 grados predomina el sabor del alcohol, mientras que si se sirven por debajo de 12 grados, desaparecen los aromas.

Existen muchas teorías sobre la temperatura a la que se deben servir los vinos, aunque lo principal es tener en cuenta el gusto de quien lo vaya a consumir. Aún así, los espumosos, incluidos los cavas, se recomienda beberlos muy fríos, entre 6 y 8 grados.

Los vinos blancos secos jóvenes debe beberse a unos 10 grados, los blancos dulces a 8 grados, los blancos maduros a 12 grados, los blancos tipo fino o manzanilla, entre 10 y 12 grados, y los vinos olorosos, a unos 17 grados.

En cuanto a los rosados, se recomienda servirlos entre 9 y 10 grados. En lo que a vinos tintos se refiere, cuanto más jóvenes y afrutados, más frescos pueden beberse. Los vinos del año se deben tomar en torno a 9 ó 10 grados, los jóvenes deben servirse entre 12 y 14 grados y los tintos más maduros, entre 16 y 18 grados.

Pero si de verdad lo que se quiere es disfrutar de todos los aromas de un buen vino, es imprescindible decantarlo, siempre y cuando se trate de vino reserva o gran reserva.

El primer paso que recomiendan los expertos es colocar la botella en posición vertical entre 24 y 48 horas antes de la decantación para que los posos se sedimenten en el fondo. Una vez descorchada la botella, se debe verter el vino en el decantador de forma suave para evitar que una oxigenación excesiva lo estropee. Cuando el color comience a ser más turbio se debe desechar el resto.

Es entonces cuando queda lo mejor, disfrutarlo.