Una tesis doctoral, desarrollada en la Universidad de La Rioja, ha clasificado a los consumidores de vino según el tipo de caldo que beben. Desarrollada por el Departamento de Agricultura y Alimentación distingue a los consumidores en función del vino que toman.

Así, al consumidor que se considera valiente, extrovertido y apasionado asegura esta tesis que le gusta el vino con mucho sabor, que le llene la boca. Valora positivamente las sensaciones glicéricas, la madera y la fruta, mientras que rechaza los vinos suaves y muy jóvenes. Por definición su vino favorito es el vino moderno.

El alma de la fiesta, por su parte, escogería un vino de maceración carbónica y el culto y solidario un reserva afrutado y especiado. Con etiquetas coloridas y atrevidos en su promoción, siempre unido a eventos festivos y musicales.

Para las personas más sensibles y empáticas, que muestran un gusto elevado por la cultura y tendencias progresistas, su vino sería el reserva, en el que confluyen aromas frutales, especiados y balsámicos de madera, con un paso suave en boca. Muestran sin embargo rechazo por los aromas fenolados. Les encajan vinos serios y maduros, pero con imagen muy internacional.

Otro tipo es el acomodado y abrumado. Se definen como románticos y prefieren seguir bebiendo el vino que les gusta antes que probar alguna novedad. Les gusta el caldo moderno y el de maceración carbónica, lo que significa vinos frutales, sabrosos que llenen la boca y sean sedosos al paladar. Rechazan contundentemente vinos con deficiencias organolépticas. Es el grupo menos permeable a los elementos de marketing. Los vinos deben ser lo más perfectos y simples posibles, sin complicaciones tecnológicas.

En cuanto al entendido, se consideran muy sociales y están interesados por el vino y la gastronomía. Les gustan los vinos frutales con y sin madera, que no presenten ningún defecto, como son los casos del vino de maceración carbónica, joven y moderno.