A los diez años, cuando salía de la escuela, Flynn McGarry no pensaba en jugar. Corría a la cocina de su casa en Los Ángeles (California) a preparar platos que degustaban su familia y sus vecinos. A medida que fue creciendo, sus creaciones se fueron sofisticando y su "caché" aumentando.

Hoy tiene 17 años y ya lo señalan como una de las grandes promesas de la gastronomía norteamericana. La prestigiosa revista New Yorker lo presentó como un “prodigio” y Time lo eligió como uno los 25 adolescentes más influyentes de 2015.

Sus padres, comprobando la calidad y el éxito de sus platos, comenzaron a cobrar a los invitados, que pagaban 160 dólares para probar alguna de las catorce opciones del menú. Pronto comenzó a ofrecer cenas en San Francisco y Nueva York.

“Nunca seguí lo que otros hacían. Siempre hice lo que quise. Y lo que siempre quise fue simplemente cocinar”, dijo el joven cocinero en una entrevista con la cadena CNBC.

Instalado en la Gran Manzana, está al frente de Eureka, un restaurante que funciona de jueves a domingos dentro del Kava Cafe (en el West Village de Manhattan). Allí está a cargo de cada detalle del menú, excepto de la carta de vinos, ya que aún es menor de edad y legalmente ni siquiera puede probar bebidas alcohólicas. Sus socios suelen hacerle bromas diciéndole que hay botellas de la cava que son más viejas que el chef.

Entre sus platos se destacan las tartas de crema caramelizada y caviar, y los erizos de mar con vinagreta de café. Y para quienes crean que sólo le interesan las preparaciones exóticas y sofisticadas, confiesa que su placer culposo son las hamburguesas con patatas fritas.

A la hora de hablar de sus influencias culinarias destaca la de Daniel Humm, chef del Eleven Madison Park y acreedor de tres estrellas Michelin, de quien fue aprendiz. “Él me enseñó que todo debe tener el balance perfecto de sal, acidez y dulzura. Ahora cada vez que termino de cocinar me pregunto eso: ¿está todo equilibrado?”, explicó a la revista Time.

Entre sus proyectos hay uno evidente que no parece estar muy lejos en el futuro: desea abrir su propio restaurante en Nueva York, convertirse en uno de los mejores chefs y trabajar en alguna propuesta culinaria con el catalán Ferran Adrià, considerado uno de los máximos innovadores de la gastronomía mundial de los últimos tiempos.

Aunque no lleva una vida común para alguien de su edad, McGarry sabe que su vertiginoso éxito inspira a muchos adolescentes. “Me escriben para decirme que quieren ser chefs. Yo les digo que hay que estar muy seguro de que sabes lo que estás haciendo antes de empezar. Porque una vez que lo haces, ya no hay vuelta atrás”.