Se bautizaron monas como evolución del vocablo árabe munna, que significa obsequio, y la costumbre se fue asociando, así, a la Pascua, el segundo momento más importante del año para el calendario católico (tras la Navidad), y en el que hacían la comunión muchos niños, cuyos padrinos se ocupaban de este regalo, que a menudo coronaba un bollo.

En la Edad Media, se acumulaba tal excedente de huevos tras el ayuno de la Cuaresma que se empezó a coleccionarlos, a pintarlos y hasta a regalarlos.

La evolución (y seducción) de la industria chocolatera en el siglo XVIII terminó de perfilar la tradición tal como la conocemos hoy. Por estas fechas se nos insinúan auténticas obras de arte esculpidas en chocolate, muchas de ellas conejos porque, como el huevo, se asocian a la fertilidad.

En Horno San Onofre, además, las chocolateras con las que trabaja el obrador han de cumplir tres requisitos, tres compromisos no solo gastronómicos, sino también sociales: por un lado, mantener la fórmula tradicional de manteca de cacao, y por tanto no incorporen otras grasas o sucedáneos; por otro, que no haya trabajado ningún niño en la plantación; y por último, que las fórmulas se adapten a cada receta.

Todos los años, además, en San Onofre se elabora una variedad de mona especial. El pedido se puede adquirir en cualquiera de los cinco locales de estas pastelerías (el de calle San Onofre, 3; La Santiaguesa, en Mayor, 73; La Tahona en Hortaleza, 9; Hernani, en Hernani, 7; y su puesto de Mercado de San Miguel, en Plaza de San Miguel, s/n), o también de manera online.